Director de escena y pedagogo, fue durante muchos años Director del Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas-Sala Olimpia, España, y en el momento de este testimonio dirigía el Festival de Autores Españoles Contemporáneos de Alicante. Posteriormente, Secretario Técnico de IBERESCENA. Vinculado a las actividades del CELCIT desde su creación hasta su fallecimiento el 12 de julio de 2023.
GRACIAS, CELCIT
Si algo que en los últimos tiempos me molesta grandemente es la falta de memoria histórica. A mí no me gustaría caer en esa carencia casi enfermiza en la que está cayendo nuestra cultura y, por ello, ahora que se cumplen los veinticinco años de una Institución como el CELCIT, me gustaría, a través de estas líneas, agradecer a esta entidad dos cuestiones: una personal, ya que gracias a ellos hice mi primer Taller profesional al otro lado del Atlántico, y otra puramente profesional como miembro de la familia teatral iberoamericana por haber mantenido durante todos estos años un profundo compromiso con ideas tan básicas para el desarrollo de nuestra escena tales como intercambio, reflexión, fomento del encuentro en igualdad, pedagogía teatral, realización de eventos especiales, ayuda a la distribución de espectáculos, apoyo a las dramaturgias nacionales y esfuerzos continuos en la publicación y promoción de todo lo que tuviera que ver con una escena latinoamericana rigurosa, de calidad y comprometida con su realidad.
El inicio de una travesía
Siempre recordaré cuando conocí a Luis Molina en una ya lejana actuación del grupo Tábano en el Coliseo Carlos III de El Escorial. Al poco tiempo participamos juntos en una aventura promocionada por el mismo CELCIT y el CERTAL, que en ese momento fomentaba José Monleón. Una travesía que recorrió España del Centro al Sur, juntando en un autobús a diferentes creadores del teatro latinoamericano y español, y en cuyo recorrido se hicieron visitas y encuentros reflexivos en ciudades como Almagro, Sevilla, Cádiz y Palos de la Frontera, terminando en tierras extremeñas.
Aún recuerdo esos días como parte esencial de mi educación sentimental y, creo, que mi pasión americana se debe mucho al privilegio de haber estado en esa caravana del teatro.
De Caracas a Buenos Aires: un viaje escénico
Después, Luis Molina y Elena Schaposnik me invitaron durante varios años a desarrollar numerosos talleres teatrales en Caracas, que luego dieron origen a un montaje del que me siento absolutamente orgulloso de haber dirigido: “Noche de guerra en el Museo del Prado” de Rafael Alberti.
Esta experiencia con más de cuarenta jóvenes actores venezolanos, realizada en los sótanos aparcacoches del Complejo Cultural Teresa Carreño, representó para mí un fuerte choque emocional al poder realizar una propuesta que ya iba calando fuertemente en mi imaginario: crear escénicamente desde el mestizaje, fusionando presupuestos del teatro colectivo latinoamericano con experiencias europeas como el teatro danza, la fragmentación, lo interdisciplinar, el actor como coautor del espectáculo, una dramaturgia de renovación no asimilada solamente al realismo dominante, la experimentación en espacios no convencionales, el rescate de un autor fundamental de la literatura dramática española y, sobre todo, un sistema de producción basado en la participación activa de todos los integrantes del grupo.
Después de esta experiencia vino una larga colaboración con el CELCIT de Buenos Aires, conducido por otro amigo, Carlos Ianni. Allí, después de varios talleres de investigación en el Teatro Municipal General San Martín, pude llegar a conformar un equipo de actores con los que encaramos uno de los espectáculos más arriesgados que he desarrollado a lo largo del tiempo: “Macbeth. Imágenes” de Rodrigo García.
Por supuesto que soy consciente de que gracias a esas invitaciones del CELCIT, hoy mi vinculación a la escena porteña es una de las satisfacciones más grandes que puedo sostener.
CELCIT en Nicaragua y Santo Domingo
También he realizado pequeñas colaboraciones con el CELCIT de Nicaragua y CELCIT de Santo Domingo, experiencias sostenidas por creadoras de un gran talento y una resistencia a prueba de bombas.
Por todo esto, insisto, no olvido que mi vinculación y pasión latinoamericana está profundamente ligada a la generosidad de las invitaciones del CELCIT.
Un compromiso con los escenarios iberoamericanos
En España, en otras épocas, cuando yo dirigía el desaparecido Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas (CNNTE) del Ministerio de Cultura, intenté hacer cada año una programación de las Artes Escénicas Americanas cuya coordinación corría a cargo del CELCIT. También se organizaron encuentros en el Festival de Cádiz y reuniones relacionadas con diversos eventos, siempre priorizando la idea de unos escenarios comunes, plurales y hermanados.
Cierto que, a partir del cierre del CNNTE, muchas cosas cambiaron para mí, pero una fundamental fue la posibilidad de viajar y trabajar mucho más en el continente americano.
CELCIT: una institución imprescindible
Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, podemos analizar y situar el enorme trabajo que ha desarrollado el CELCIT en sus años de funcionamiento, y eso es lo fundamental que debemos celebrar.
Los que amamos un concepto de escena iberoamericana fuera de toda frontera, ortodoxia, nacionalismo, exclusión o demagogia patriotera, debemos seguir luchando por encontrar los ámbitos comunes de trabajo. Aún no hemos avanzado lo suficiente para poder hablar de una normalización plena en la relación de las actividades artísticas entre los países iberoamericanos.
Cierto que todo es muy complejo, pero debemos seguir intentándolo y ahí, no dudo, el CELCIT debe seguir siendo un protagonista importante de esa representación. Le avalan sus años de experiencia, los equipos que ha fortalecido en diversos países latinoamericanos, su compromiso constante con la gestión y la creación de las Artes Escénicas y, sobre todo, su incansable pasión por el intercambio y la comunicación.
Por muchos años más
Por todos estos años de trabajo, enhorabuena, CELCIT, y que cumplan muchos más.